Cita #2: Querer lo que no se ha escogido.

Son las 10:27 de la mañana del penúltimo sábado de Junio. Qué rápido ha pasado ya un mes desde la última vez que nos encontramos con un café en este lugar.


Hoy me atiende el chef, me ofrece para desayunar calentado, pancakes de chocolate y periquitos con Tofu. Después de debatirnos entre la mejor opción para esta hora del día, me quedo, por su insistente recomendación, con el calentado. Me sirve anticipado un Americano, en la mesa de siempre, aquí empezamos.


Contemplar la realidad | Cerro Catedral - Patagonia, Argentina, 2018.


Detallo todo lo que hay a mi alrededor, las matas enredadas en el balcón, las flores amarillas del árbol que le da sombra a mi carro parqueado, el olor a desinfectado de las mesas, la quietud de un sábado cualquiera y Ed Sheeran que suena de fondo. Uff cuanto me gustaría estar en silencio, pienso. Acto seguido recuerdo que olvidé mis audífonos en casa y que no podré, como suelo hacerlo, perderme en el piano mientras escribo. Después me asalta un pensamiento que disipa la molestia que se hervía ante la imposibilidad de hacer de esta cita lo que me gustaría. “Gabriela, aprende a querer incluso lo que no has escogido”… ¡vaya tela!


Así que aprender a querer que suene Ed Sheeran y no el piano que preferiría de fondo para este momento. Aprender a querer que un camión de trasteo se tarde 15 minutos en acomodarse para dejarme salir del parqueadero esta mañana. ¡Sí! Aprender a querer el hecho de que no estoy en mi mejor momento, aprender a querer mi tristeza, mi vértigo, mi desidia y mi desasosiego, aprender a querer el querer de los que me quieren, así, imperfecto como viene. Aprender a querer la realidad, esa que no he escogido, así tal y como es. No como esperaría que fuera. No como me la imagine. No como creo que debería ser. No. Así, tal como es, como se presenta.


Le doy vueltas a esta idea y se asoma William Ospina y su ensayo “Los románticos y el futuro”. Me arde el corazón al pensar en aquellos románticos que contemplaban la realidad y descubrían en ella su grandeza. Aquellos que no les llenaba la vida el movimiento de los mercados o las noticias de actualidad. Que tenían hambre de espacio y sed de cielo, ansia de eternidad y eran infinitamente capaces de soñar, de creer, y de entregar su vida a esos sueños. Aquellos que como a mi, la inmanencia y superficialidad del frenesí del vivir actual, los ahogaba y constreñía.


Quiero pensar que aquellos hombres y mujeres que imaginaron mundos mejores y descansaron en la certeza de que su corazón estaba hecho para lo infinito, aceptaron y acogieron por completo la realidad que les correspondía y solo por esa razón, pudieron transformarla. Comprendieron que al final, solo es posible hacer con lo que se tiene y que nos guste o no, la hayamos escogido o no, la realidad que se nos presenta es la materia prima con la que construiremos el presente y el futuro en el que deseamos vivir. Así que para vivir como un idealista quizás hace falta primero ser un realista empedernido que aceptando y acogiendo la realidad como es, es capaz de crear el horizonte en el que su corazón anhela estar.


Aceptar y acoger nada tiene que ver con una resignación pobre y triste. Mas bien, tiene que ver con ese “aprender a querer” al que me refería al principio. Un querer que nace de las entrañas. Un querer que quiere lo que hay. Que lo abraza. Un querer que implica dejar de pelear con la imperfección, dejar de huirle al sufrimiento, dejar de lado la comparación, las exigencias utópicas y las expectativas que solo traen consigo decepciones. Querer es un sentimiento y también un verbo, es algo que podemos sentir, pero que también decidimos actuar.


A este punto, esta cita conmigo misma me regala dos ideas en las que quizás había reflexionado antes pero hasta el momento no he llegado a interiorizar por completo y mucho menos he llegado a vivir: es necesario aprender a querer lo que no he escogido y solo acogiendo mi realidad podré transformarla.


El poeta lo resume en una frase:


"La vida no es lo que queremos sino lo que aprendemos a querer".



Para los curiosos:


No dejo de sonar Ed Sheeran. Lo asumí al punto de salir del lugar cantando debajo del tapabocas: “Maybe it's all part of a plan. I’ll just keep on making the same mistakes. Hoping that you'll understand”.


Detrás de la foto:


Una barra de bar con un hippie detrás y mi argentina favorita mirándome contemplar la realidad. Mientras tanto, la Patagonia me enseñaba que la verdad es como sus montañas. (Long story que tendrá lugar en otro momento).